"De noticias y tráfico", artículo de opinión de Quique Nácher Sánchez


Artículo de Quique Nácher Sánchez.


El 18 de abril de 1930, en las noticias de la tarde, el locutor de la BBC dijo: “Buenas tardes. Hoy es Viernes Santo. No hay noticias” y dio por concluido el informativo. 

Casi cualquier cambio que haya sufrido nuestra sociedad palidece ante el cambio que han sufrido los medios de comunicación. Las personas más mayores han podido contemplar como se ha pasado de las postas, el telegrama y el periódico, a la conformación de la denominada “Sociedad de la Información”, caracterizada por el acceso instantáneo del que puede disfrutar cualquier usuario, a casi cualquier cosa, a través de una pantalla. 

De este modo, la contemporaneidad nos ha llevado a una inmediatez tóxica de feedback continuo que hace casi inviable ver los acontecimientos con perspectiva. Así, los proyectos que se acometían en el pasado y que podían prolongarse por meses o años, recibían algunas valoraciones a su inicio, durante el proceso y a su finalización. Siendo el puñado de opiniones que llegaban a los gestores, esporádicas y normalmente, fruto de la reflexión llevada a cabo por profesionales de la información o de la política. 

La inmediatez a la que se ha habituado el consumidor se ha convertido en una imperiosa necesidad continua de acceso a titulares. Esta necesidad se completa con la reacción que nos permiten ahora las redes sociales, el elevar a cada titular una respuesta del consumidor, basada, en el mejor de los casos, en una lectura de las primeras líneas del cuerpo de la noticia, cuando no tan sólo del titular y hemos de ser conscientes que es imposible que se vean avances significativos o cambios de entidad en ningún proyecto en el intervalo de 20 minutos que ha transcurrido desde nuestra última visita a Facebook. 

La existencia de este desaforado hábito de consumo, convierte las redes sociales en un terreno idóneo para que determinados individuos pertenecientes a las alas más tradicionalistas y reaccionarias de nuestra sociedad, infecten con sus furibundos ataques, a la vez que apelan con rabia y mentiras, a la ciudadanía a oponerse a necesarios cambios de los que toda la sociedad se acaba beneficiando cuando están finalizados. 

Los cambios llegan, pero hay que acometerlos con valentía y perspectiva, porque si por algunos fuera, no tendríamos ni las ruedas sobre las que se desplaza el tráfico rodado, cuya racionalización y ordenación, así como la polémica generada a su respecto, me han llevado a escribir estas líneas.